Estrategias para formar equipos de trabajo para el emprendimiento sostenible ¿cómo hacerlo? Con: Julio Andrés Rozo
¿Por qué las empresas regenerativas son la alternativa de desarrollo económico después del COVID-19? Mercados de carbono, agroforestería regenerativa, turismo de naturaleza
La COP25 valdrá la pena si se refleja en un cambios de hábitos de consumo
Por un lado, surgen nuevos acuerdos internacionales y por el otro, evolucionan algunas políticas públicas sectoriales a nivel nacional. Tras cada cumbre, pareciera que se avanzara de manera contundente hacía el camino que todos queremos: el de la conservación ecosistema y la lucha contra el cambio climático.
Y si bien los acuerdos logrados deben en últimas reflejarse en la manera como llevamos a cabo nuestros hábitos de producción y consumo, noto que las personas (quienes deben ser en últimas los grandes beneficiados de las políticas públicas) aún no se conectan en su día a día con lo que se discute en las grandes cumbres. El desperdicio de alimentos es incomprensible aún allá en cada restaurante, plaza de comida e incluso en los hogares; el uso desmedido de plástico, papel, cartón y otro tipo de empaques sigue siendo visible y la conciencia ambiental desaparece con cada black friday.
Entonces me pregunto: ¿Qué le estará haciendo falta a los gobiernos para asegurar que lo discutido y lo acordado llegue de manera efectiva a las calles, casas, oficinas, colegios, cines y plazas de mercado? Es evidente que la respuesta merece el análisis de diferentes razones, pero me voy a quedar con una que quiero resaltar de manera contundente: la conexión que debe existir entre lo público y el ciudadano de a pie.
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El cambio climático ya puso a pensar a más de uno por ahí. Me alegra por lo menos que las personas se estén cuestionando qué hacer para “poner su granito de arena” y sumarse a la causa climática.
Qué día, conversando con Sara, una tremenda emprendedora paisa, hablamos sobre lo que podíamos hacer los consumidores para disminuir nuestra huella de carbono en cada uno de los ámbitos de nuestros estilos de vida. Entre varias de las respuestas, sobresale una relacionada con la transformación de nuestras dietas para moderar el consumo de carne roja. Llevo años reduciendo paulatinamente su consumo, aunque no del todo, porque su sabor muy sabroso en hamburguesas o en asados, de vez en cuando.
Así que entonces ¿qué hacer?, ¿por dónde coger?, ¿qué consumir?, ¿volverme vegetariano o vegano es la alternativa? ¿pero por qué serlo si me gusta la carne? La búsqueda de alternativas me llevó a mudarme al consumo de pollo o de pescado cuando se ratifica el franco derecho a no ser vegetariano, ni vegano.
Llevo unos años consumiendo más pescado pero también me cuestiono sobre el impacto que este genera y si verídicamente mi decisión como consumidor justificó el cambio de la carne roja a este tipo de carne. Bien, investigando un poco, encontré los siguientes datos:
Seguir leyendo “El emprendimiento le apuesta a la pesca responsable y al consumo sostenible”¿Por qué se pierden y se desperdician los alimentos en Colombia?
La respuesta a esta pregunta ya está documentada por parte de universidades y organizaciones expertas en el tema como la FAO o el Departamento Nacional de Planeación. Las cifras dicen que en Colombia se producen entre 28 y 32 millones de toneladas de alimentos al año (aproximadamente), pero se pierde o desperdicia casi 30%-34% de esta cantidad (entre 9 y 10 millones de toneladas).
Esta cifra suena gigantesca y la verdad que sí lo es. No obstante, lo que a mí más me impacta sobre esta cifra no es ni siquiera la cifra per-se, es más bien el reconocer que vivo en un país con (en teoría) vocación agrícola, en donde aún así se mueran niños desnutridos como en la Guajira, u otros que tengan que ir a buscarla entre la basura como en el Vichada.
Si bien el análisis de las causas sobre la pérdida y desperdicio de alimentos indica fenómenos y causas en todas las etapas de la cadena de valor (siembra, transporte, bodegaje, comercio, cocina y mesa), me quiero detener en aquellos ámbitos en donde usted y yo tenemos incidencia: la compra, la cocina y la mesa.
Seguir leyendo “¿Por qué se pierden y se desperdician los alimentos en Colombia?”¿Cómo entender y analizar los retos ambientales? Guía práctica para no-ambientalistas
Cuando empecé a estudiar los temas medioambientales en la universidad, lo hice con la pregunta que ensalsa esta columna. ¿Cómo diablos entender algo tan complejo como el medioambiente? Y pues con los años, hoy, con mis apenas 15 años de experiencia laboral en este ámbito, encuentro la respuesta en la palabra subrayada.
Existe un libro que todo ambientalista debería leer una y varias veces en su vida: ‘El punto crucial‘ de Fritjof Capra (y si no le gustó, busque a Morin, Maturana o al recientemente finado Manfred Max-Neef). Lo importante es que se meta lenta, pero decididamente, en el mundo de la complejidad. ¿Por qué es tan importante desarrollar la habilidad de pensar de manera compleja? Michael, mi exjefe lo resumía de la mejor manera: “Rozo, quien piensa como ajedrecista gana”. El pensamiento complejo es como jugar ajedrez: nos da la posibilidad de aprender a ver más allá de lo evidente; nos ayuda a comprender y a gestionar la complejidad.
La palabra complejidad asusta, espanta. Son de esas palabras que en el argot latino nos enseñaron a temer y a tabuizar. La complejidad tan solo existe y nunca va a desaparecer. Hace parte de la vida misma y lamento decirlo, pero no hay nada que hacer, porque simplemente es que no se puede hacer nada: La complejidad está ahí y es este preciso momento en el que usted lee estas palabras.
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